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El costo de enfermarse: México registra la inflación médica más alta del mundo
Enfermarse ya cuesta más que antes
¿Alguien le avisó?
México tiene la inflación médica más alta del mundo en 2026. Nadie lo está gritando lo suficiente.
14.8% de inflación médica en México — la más alta del mundo.
La inflación general es 3.2%. La salud sube casi 5 veces más rápido.
✍🏻 Dr. Abel Trejo Valtierra
Médico cirujano | Estado de México
Si siente que cada vez paga más cuando se trata de salud — la consulta, el medicamento, el laboratorio — no es su imaginación. Es un dato verificado que pocos le han explicado con claridad.
No importa cómo acceda al sistema: si tiene seguro privado, su prima ya subió. Si depende del IMSS o ISSSTE, la espera creció y los insumos escasean. Si se atiende de forma privada, los precios son los más altos de su vida. No hay salida cómoda. La enfermedad no negocia con la inflación.
Lo que más me preocupa como médico no es el número. Es la decisión que toma la persona cuando siente que no puede pagar: la que pospone la consulta «hasta ver si se le quita», la que parte el medicamento a la mitad, la que no regresa al seguimiento porque «ya se siente bien» — aunque no lo esté. Esas decisiones tienen consecuencias clínicas reales.
El gobierno anuncia el Sistema Universal de Salud — buena intención, proyecto necesario. Pero México destina apenas el 2.6% del PIB a salud cuando el mínimo recomendado es 6%. Una credencial unificada sin presupuesto suficiente es tener el mapa sin gasolina.
La salud se está convirtiendo silenciosamente en un privilegio. Enfermarse no debería ser un lujo.
¿Y entonces qué hacemos?
Reconocer el problema no es suficiente. Lo que sigue importa tanto como el diagnóstico.
Si usted es paciente:
Lo primero es dejar de pagar lo que ya tiene derecho a recibir. Millones de derechohabientes del IMSS o ISSSTE acuden al médico privado porque no saben con exactitud qué cubre su instituto. Averígüelo. La consulta preventiva, el laboratorio básico, muchos medicamentos del cuadro básico — todo eso ya está pagado con su cuota. Usarlo no es conformismo, es inteligencia.
Lo segundo es perderle el miedo al genérico. Cuando un médico receta «Losartán 50 mg», eso es el principio activo — el ingrediente que realmente funciona. La marca es el empaque. Un genérico certificado tiene la misma molécula, la misma dosis, la misma eficacia demostrada, y puede costar entre tres y diez veces menos. Pídale a su médico que recete por nombre genérico. Es su derecho y está en la ley.
Y lo tercero — quizás lo más difícil — es no postergar lo que duele en el bolsillo hoy para evitar lo que destruye el bolsillo mañana. Una glucosa sin vigilancia no duele. Una diabetes descontrolada, sí. El costo de una amputación, de una diálisis, de un infarto tardío, no tiene comparación con el costo de la consulta de seguimiento que se canceló «para ahorrar».
Si usted es médico:
Hay una conversación que casi nunca ocurre en el consultorio y que debería ser rutina: ¿puede usted costear este tratamiento? No es una pregunta incómoda — es una pregunta clínica. Un esquema brillante que el paciente abandona a los quince días por costo no es un buen esquema. La adherencia terapéutica tiene precio, y ese precio importa.
También nos toca conocer el territorio real donde trabaja nuestro paciente. ¿Qué tiene disponible su jurisdicción sanitaria? ¿Cuál es el cuadro básico de su unidad? ¿A qué especialidad puede referirlo sin que tenga que pagar? Esa información es tan herramienta clínica como un estetoscopio.
Y por último: documentemos. Cada vez que un paciente no regresa porque no pudo pagar el medicamento, cada vez que una familia decide entre comer o comprar la insulina, eso es un dato. Los datos, sistematizados, tienen peso. Hablar de esto — en consultorios, en pasillos, en columnas de opinión — es también una forma de ejercer la medicina.
[20/04/26, 11:26:30 a.m.] Booker: Buen dia
[20/04/26, 11:26:31 a.m.] Booker: gracias