Fentanilo: la crisis que México no quiere enfrentar — y cómo debería hacerlo

Fentanilo: la crisis que México no quiere enfrentar — y cómo debería hacerlo

Por Abel Trejo Valtierra El fentanilo no reconoce fronteras. Tampoco discursos políticos. Mientras en Estados Unidos la crisis ya se mide en decenas de miles de muertes, en México aún se discute si el problema existe. Y esa no es una diferencia menor. Es una falla de Estado. Desde 2022, cuando Estados Unidos superó las 100 mil muertes por sobredosis, el fentanilo dejó de ser un problema sanitario para convertirse en prioridad nacional. Para 2023, ya explicaba cerca del 70% de esas muertes. La magnitud obligó a una respuesta estructural. No perfecta, pero sí medible. México, en ese mismo periodo, reportó apenas 430 atenciones médicas relacionadas con fentanilo. La cifra sugiere tranquilidad. La realidad sugiere ceguera. Porque el problema no es la ausencia de casos. Es la ausencia de medición. En salud pública hay una regla básica: lo que no se mide, no se controla. Y lo que no se controla, termina por imponerse. El fentanilo no es una droga convencional. Es sintético, barato, altamente potente y fácil de transportar. Sus precursores llegan desde Asia, se sintetizan en territorio mexicano y cruzan hacia Estados Unidos principalmente por rutas legales: vehículos particulares, carga comercial, puntos fronterizos formales.

México no es el origen del problema. Pero sí es el eslabón operativo clave. Y ese rol exige algo que hoy no existe: una estrategia nacional. El problema no es solo el fentanilo. Es que México no lo mide, no lo integra como política pública y no coordina salud, seguridad e inteligencia. Y por lo tanto, no lo controla. Mientras Estados Unidos reduce hasta 40% sus muertes con naloxona, vigilancia epidemiológica e inteligencia operativa, México sigue reaccionando con declaraciones y acciones fragmentadas. Qué debería estar haciendo México: 1.⁠ ⁠Sistema nacional de vigilancia en tiempo real. Registro obligatorio de sobredosis, intoxicaciones y decomisos, integrando hospitales, fuerzas armadas y autoridades regulatorias. 2.⁠ ⁠Despliegue masivo de naloxona. Disponibilidad en ambulancias, policías, aeropuertos y capacitación básica a personal no médico. 3.⁠ ⁠Control inteligente de precursores. Trazabilidad química de importaciones y cooperación internacional.
4.⁠ ⁠Fusión salud + seguridad. Centro interinstitucional con modelos predictivos. 5.⁠ ⁠Reconocimiento público del problema. Sin diagnóstico claro, no hay acción efectiva. Estados Unidos no está actuando por ambición. Está actuando porque tiene muertos. México no está actuando no porque no pueda, sino porque no ha decidido hacerlo. El fentanilo no es solo una droga. Es una prueba. Una prueba de si un Estado puede reconocer una amenaza antes de que sea visible en sus estadísticas. Hoy, Estados Unidos entendió esa prueba. México aún no decide si quiere presentarla. Las crisis no se definen por quién las padece, sino por quién decide enfrentarlas.