✍🏻 Fernando Flores
Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia con la promesa tácita de continuidad sin sobresaltos. Sin embargo, los primeros meses de su gobierno exhiben un problema más profundo que el desgaste natural de una transición: un Estado vulnerable desde dentro, condicionado por inercias políticas, redes intocables y decisiones heredadas que hoy limitan el ejercicio del poder real. Hackeos a dependencias estratégicas, reacomodos silenciosos en el poder legislativo, la persistencia del huachicol fiscal y una política energética ideologizada hacia Cuba no son hechos aislados. Son síntomas de un mismo dilema: gobernar con poder constitucional, pero con tutelas políticas y zonas de silencio que nadie se atreve a tocar.
I. Hackeos, gabinete y la salida de Adán Augusto: el reacomodo defensivo Los ataques cibernéticos contra dependencias clave del Estado mexicano no pueden reducirse a incidentes técnicos. Son fallas estructurales de gobernanza. Cuando se vulneran sistemas del SAT, áreas energéticas, de salud o de programas sociales, el daño no es abstracto: impacta directamente al ciudadano. La posible filtración de datos fiscales, patrimoniales y personales —RFC, domicilios, ingresos, padrones de beneficiarios— abre la puerta a fraude, suplantación de identidad, extorsión y uso político de información sensible. Pese a ello, el gobierno no informó con precisión qué datos fueron comprometidos, qué medidas de contención se aplicaron ni cómo se protegió a los afectados. La opacidad fue la respuesta.
En este contexto debe leerse la separación de Adán Augusto López Hernández de la presidencia de la Cámara de Senadores. No fue un ajuste administrativo. Fue un repliegue político. El exsecretario de Gobernación y figura central del obradorismo representaba un polo de poder autónomo en el nuevo sexenio. Su salida coincide con un momento de filtraciones, tensiones internas y la necesidad de contener daños, no de corregir las vulnerabilidades de fondo. El mensaje es inquietante: se mueven piezas visibles mientras el Estado sigue expuesto. El poder se reacomoda; el ciudadano absorbe el riesgo.
II. Cuba y Pemex: ideología, petróleo y la presión de Washington Mientras Pemex enfrenta una de las crisis financieras más severas de su historia, el gobierno mexicano mantiene y amplía los envíos de petróleo a Cuba. El incremento es significativo: de operaciones marginales de 1 o 2 millones de dólares a esquemas que alcanzan hasta 89 millones de dólares en determinados periodos. No hay contratos plenamente transparentes, no hay debate legislativo y no hay beneficios claros para México.
Esta política adquiere hoy una dimensión adicional. Donald Trump ha reiterado públicamente su exigencia de frenar el abasto energético que mantiene con vida al régimen cubano, señalando que el suministro de petróleo —directo o indirecto— es un factor clave para la supervivencia económica y política de La Habana. En ese contexto, la política mexicana hacia Cuba deja de ser un asunto simbólico y se convierte en un foco de fricción directa con Washington.
Sheinbaum no diseñó esta estrategia, pero decidió sostenerla, incluso cuando el entorno internacional se endurece. Persistir en los envíos coloca a México en una posición incómoda: comprometer a Pemex, tensar la relación con su principal socio comercial y asumir costos diplomáticos innecesarios en nombre de una lealtad ideológica heredada.
III. Huachicol fiscal: redes, apellidos incómodos y el pacto del silencio El huachicol fiscal es hoy uno de los mayores fraudes estructurales contra el erario y, al mismo tiempo, uno de los más protegidos. Importación de combustibles subvaluados, empresas intermediarias, permisos opacos y aduanas estratégicas intocables conforman una red que opera con precisión y permanencia. Diversas investigaciones periodísticas y reportes especializados han señalado la cercanía de operadores de estas redes con círculos políticos de alto nivel, incluyendo personajes vinculados al entorno familiar del expresidente Andrés Manuel López Obrador, entre ellos sus hijos, así como César Augusto López, hermano de Adán Augusto López Hernández. No se trata de sentencias judiciales, sino de señalamientos reiterados que el Estado ha decidido no aclarar. Ese silencio es el verdadero escándalo.
¿Por qué no hay investigaciones exhaustivas? ¿Por qué la Fiscalía evita profundizar en estas rutas financieras? ¿Por qué el combate a la corrupción se detiene cuando aparecen ciertos apellidos? El huachicol fiscal no sobrevive por ingenio criminal, sino por benevolencia política. Desmontarlo implicaría romper pactos heredados del obradorismo. Hasta ahora, esa línea no se ha cruzado.
IV. Gobernar con tutelas: desinformación, lealtades y el límite del poder Sheinbaum gobierna en un entorno donde la desinformación sustituye a la rendición de cuentas y donde las explicaciones oficiales minimizan riesgos evidentes. Los hackeos se relativizan, los escándalos se diluyen y las decisiones heredadas se defienden como inevitables. No es casualidad: la benevolencia con el obradorismo duro sigue marcando los márgenes del gobierno. La salida de Adán Augusto del Senado fue un gesto, pero no una ruptura. La continuidad en Cuba, la inacción frente al huachicol fiscal y la opacidad ante los hackeos confirman un patrón: administrar el legado antes que confrontarlo.
Cierre: cuando el silencio también gobierna Los hackeos sin responsables, el huachicol fiscal intocado, el petróleo enviado por dogma y la narrativa oficial que minimiza riesgos componen un escenario claro: la mayor amenaza no es el ataque externo, sino la normalización del silencio interno. Gobernar no es solo decidir; es informar, investigar y corregir. Cuando la desinformación sustituye a la verdad y la lealtad política pesa más que el interés público, el Estado se debilita y el ciudadano queda expuesto. Claudia Sheinbaum aún tiene margen para romper con esa inercia. Pero cada día que pasa sin tocar las zonas de impunidad, el poder real se reduce y la responsabilidad histórica crece. Porque un gobierno que tolera el hackeo de su información, la opacidad de sus decisiones y la benevolencia con su pasado no administra estabilidad: administra la próxima crisis.
